Corrióse la voz a través de la comarca: "Caleb ha perdido la rienda de su cordura". Y éste se perdió entre circunloquios del psique y la mofa de la multitud. Para entonces, y en calidad de lunático, fue juzgado en el tribunal de La Divina Trinidad Caprina. El juez Cabrera procedió al estrado y coordinados los presentes se pusieron de pie mientras el hirsuto justiciero posaba sus nalgotas en su silla, réplica barata de trono real. Ya todos sentados esperaron el estruendo del mazo contra su base para dar paso al mercado de mitotes.
Aria del filósofo catatónico:
Aquélla la mano que dibuja a dios, haciendo bocetos en el aire.
Acullá la mano que nace de la obra: el ojo que es dios sin párpado.
Haced del revoltijo un mundo y dadle jocosos pies para el baile.
El espíritu doblegado:
¡Nos negamos, es verdad, a escribir dios con mayúscula!
¡Mientras el acústico mar o el viento que ondula
las ráfagas abrazadoras, cuyas llamas surcan el lodo,
no sean tratados para siempre del mismo modo,
seguiremos desdeñando su fútil prefectura!
El poeta frustrado:
¡Qué dilema!
¡Convencer a mi zurda
cuya caligrafía es burda
que escribiese un poema!
Dysthymia arrullando a Caleb:
Se está abriendo el corral; van corriendo tus cabras.
Pastor en la colina, de la hierba mala fúmate la neblina.
Se escaparon tus cabras a visitar a las cobras.
Las cobras le ponen trabas a las cabras.
Las cabras macabras le dan sus sobras a las cobras.
Y de las sobras las cobras fabrican bellas obras.
¿Cobras, Caleb, por sus obras de sobras de cabras macabras?
Si no fueses macabra cabra serías oveja vieja que con bandeja
añeja contara como almeja bermeja por millones en el mar.
------hiato------
No hay comentarios:
Publicar un comentario