2009-06-28

Perra, ¡oh, patria!

Soy el cínico: idealista defraudado
que se asoma a los márgenes de la poesía
nacida de mitos, leyendas e ideales,
misma que ahora yace en viejos libros,
olvidados, enmohecidos, palpando la muerte lenta.

Ardo en su inasible, mística glosa
y me autoflagelo el orgullo
-penitencia a mi intelecto que
cava hoyos para esconder su faz-.

Pregúntate, niño vegetal, hombre de barro,
¿a qué tu anhelo?
Si no lo entiendes, ¡déjalo!

Únete a los flancos conformistas,
al divino rebaño, a los altruistas castrados,
a los que le queman las patas al diablo,
a los que someten a la madre indígena
-a sí misma traicionada-,
y a los que con la verga española
se profanan las costillas.

Sé parte del perreo,
regodéate en las hazañas de Malverde,
canta el himno del macho inseguro,
la balada de la mujer-altar,
cómprate, en abonos chiquitos,
un sueño prefabricado y véndele
tu dignidad y tu desfallecido intelecto
al ricachón del Bosque.

Tira ese libro, no cuestiones ni critiques,
sigue la marcha, fila india,
no escojas a tus héroes
¡que te los asignen con todo y máscara!
Empínate que ahí vienen los miembros
uno amarillo, este azul, y otro como
la pisoteada bandera tricolor
-aunque, en realidad, los veo
rojos, blancos y azules-.

¡Me repugno y me repugnan!
Extiéndeles la mano y se agarran el pie,
¡animales!
Mundo maniqueo o
ilusión de escalas grises.

¿Qué pasó?
¿Qué fue de esos tiempos
donde los hombres eran sensibles guerreros
y las mujeres valkirias, musas?
¿Cómo expresar esta impotencia?
Mi alma sersenada, mi corazón agonizante,
mi mente aletargada, mi rabia ardiente,
la pura locura patológica.

¡Bríndame una mano,
si es que me escuchas, camarada!
La izquierda aunque sea en vano,
lo que sea más que una perra amarrada.

¿Para qué, disidente en su patria?
Para nosotros verdad a gota agria:
Duele ver a mi gente cegada cual palomilla
estrellándose ante la luz de una bombilla.

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